Hace unos años, cuando tuve que elegir mi primer seguro de auto, cometí todos los errores posibles. Y no soy el único. Después de hablar con amigos, familiares y conocidos, me di cuenta de que muchos de nosotros caemos en las mismas trampas.
Hoy quiero compartirte los errores más comunes que he visto y que yo mismo cometí, para que puedas evitarlos. No te voy a juzgar si ya los cometiste, porque la verdad es que el proceso de elegir un seguro puede ser confuso y abrumador.
Elegir solo por el precio
Este fue mi primer error, y creo que es el más común. Cuando empecé a buscar seguros, lo único que comparaba era el precio. El más barato ganaba, sin importar nada más.
El problema es que el precio más bajo a menudo viene con coberturas limitadas, deducibles altos, o procesos de reclamación complicados. Aprendí esto cuando tuve un siniestro y descubrí que mi seguro “barato” tenía tantas limitaciones que casi no me servía de nada.
Lo que debería haber hecho es comparar el precio junto con las coberturas, los deducibles, y la reputación de la aseguradora. A veces, pagar un poco más te da mucha mejor protección y un proceso más sencillo cuando lo necesitas.
No leer el contrato completo
Sé que es aburrido, largo y lleno de términos legales que no entendemos. Pero no leer el contrato completo es un error enorme. Yo lo hice, y me costó caro.
En mi caso, asumí que mi seguro cubría ciertas cosas que en realidad no cubría. Cuando tuve un problema, descubrí que había exclusiones que nunca supe que existían. Si hubiera leído el contrato, habría sabido qué esperar.
No necesitas entender cada palabra legal, pero sí debes entender qué está cubierto, qué no está cubierto, cuáles son los límites, y cuáles son tus responsabilidades. Si algo no está claro, pregunta. Es mejor hacer preguntas tontas antes de tener un problema.

No comparar opciones reales
Cuando elegí mi primer seguro, básicamente tomé la primera opción que me pareció razonable. No comparé diferentes aseguradoras, no comparé diferentes tipos de cobertura, no investigué.
Comparar no significa solo ver precios. Significa entender las diferencias en coberturas, en procesos de reclamación, en atención al cliente, en tiempos de respuesta. Algunas aseguradoras son más rápidas para procesar reclamaciones, otras tienen mejor servicio al cliente, otras tienen redes de talleres más amplias.
Tomarse el tiempo para comparar realmente puede hacer una gran diferencia cuando necesitas usar tu seguro.
Ignorar el deducible
El deducible es esa cantidad que pagas de tu bolsillo antes de que el seguro cubra el resto. Cuando elegí mi seguro, elegí el deducible más bajo posible porque pensé que era mejor. Pero no consideré que eso hacía que mi prima fuera más alta.
Lo que aprendí es que hay un balance. Un deducible muy bajo significa primas más altas. Un deducible más alto significa primas más bajas, pero más dinero de tu bolsillo si algo pasa.
La clave es elegir un deducible que puedas pagar cómodamente si algo pasa, pero que no te haga pagar primas excesivamente altas. Esto requiere pensar en tu situación financiera real, no solo en qué suena mejor.
Asumir que “seguro completo” cubre todo
Este término es engañoso. “Seguro completo” suena como que cubre absolutamente todo, pero no es así. Incluso las pólizas más completas tienen exclusiones y límites.
Yo aprendí esto cuando asumí que mi “seguro completo” cubriría el reemplazo de mi carro si era robado. Resulta que solo cubría el valor comercial, que era mucho menor de lo que yo pensaba. Y había un límite máximo que no había considerado.
Es importante entender exactamente qué significa “completo” en el contexto de tu póliza específica. No asumas, pregunta.
No considerar tu situación real
Cuando elegí mi primer seguro, elegí uno diseñado para alguien que maneja mucho y en áreas de alto riesgo. Pero la realidad es que yo manejaba poco y principalmente en áreas seguras. Estaba pagando por cobertura que no necesitaba.
Por otro lado, conozco personas que eligieron seguros muy básicos cuando en realidad necesitaban más cobertura porque manejaban mucho o en situaciones más riesgosas.
La clave es ser honesto contigo mismo sobre cómo realmente usas tu carro, dónde lo usas, y qué riesgos enfrentas. Esto te ayuda a elegir la cobertura adecuada sin pagar de más ni quedarte corto.
No actualizar tu seguro cuando cambia tu situación
La vida cambia, y tu seguro debería cambiar con ella. Pero muchos de nosotros (incluyéndome) contratamos un seguro y luego lo olvidamos por años.
Si cambias de trabajo y ahora manejas más, si te mudas a un área diferente, si cambias de carro, si tu situación familiar cambia, todo esto puede afectar qué tipo de seguro necesitas. No actualizar tu seguro puede significar que estés pagando de más, que no tengas suficiente cobertura, o que tengas cobertura que ya no necesitas.
Confiar ciegamente en recomendaciones
Cuando elegí mi primer seguro, lo hice porque un amigo me lo recomendó. No investigué más allá de eso. El problema es que lo que funciona para tu amigo puede no funcionar para ti.
Cada persona tiene necesidades diferentes, presupuestos diferentes, y situaciones diferentes. Una recomendación es un buen punto de partida, pero no debería ser tu única fuente de información.
No considerar la aseguradora en sí
El seguro no es solo un documento, es una relación con una compañía. Y no todas las aseguradoras son iguales en términos de servicio, tiempos de respuesta, o facilidad para hacer reclamaciones.
Yo aprendí esto cuando tuve que hacer una reclamación y descubrí que mi aseguradora tenía procesos muy complicados y tiempos de respuesta muy lentos. Si hubiera investigado esto antes, habría elegido diferente.
Investiga la reputación de la aseguradora, lee reseñas de clientes, pregunta a personas que hayan tenido que hacer reclamaciones. Esto te da una idea de qué esperar cuando realmente necesites usar tu seguro.
Mi consejo después de todos estos errores
Después de cometer todos estos errores y aprender de ellos, mi consejo es simple: tómate tu tiempo. Elegir un seguro no debería ser una decisión apresurada.
Investiga, compara, pregunta, lee. Entiende qué necesitas realmente, qué puedes pagar, y qué esperas de tu aseguradora. No te dejes llevar solo por el precio o por recomendaciones sin investigar.
Y recuerda: el seguro más barato no siempre es el mejor, y el más caro tampoco. El mejor seguro es el que se ajusta a tus necesidades reales, a tu presupuesto, y que te da confianza de que estará ahí cuando lo necesites.
Reflexión final
Cometer errores al elegir un seguro es normal, especialmente la primera vez. El proceso puede ser confuso, y hay mucha información que procesar. Pero aprender de los errores de otros (o de los tuyos propios) puede ayudarte a tomar mejores decisiones en el futuro.
Lo importante es no quedarte con un seguro que no te sirve solo porque ya lo contrataste. Si descubres que cometiste un error, puedes cambiar. No estás atado de por vida a una decisión.



